Todas las verdades son fáciles de entender, una vez descubiertas. El caso es descubrirlas.
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Hasta 1960 se suponía que la distribución de las galaxias en el espacio era aproximadamente uniforme, es decir, prácticamente al azar. La excepción eran las acumulaciones que aparecían en ciertas regiones, por la presencia de cúmulos de galaxias; hasta unos diez años atrás, algunos astrónomos también defendían la idea de que esos cúmulos se conectaban entre sí.

Sin embargo, hoy se ha analizado la distribución espacial de miles de galaxias gracias a modernas técnicas de mapeo y se encuentra que la distribución de galaxias en el espacio sigue esquemas muy distintos a los que se creía.

Además de los cúmulos de galaxias, parecen existir estructuras mayores a las que se las denominó supercúmulos de galaxias; el Grupo supercúmulos.

Un análisis más detallado de la distribución de las galaxias mostró que también existen regiones totalmente vacías de galaxias, mientras que otras, en cambio, presentan grandes acumulaciones.

De esa forma, ha sido encontrada una zona con una extraordinaria acumulación de galaxias, denominada la Gran Pared.

La Gran Pared es una extensa estructura de galaxias, extendida unos 500 millones de AL, con apenas 15 millones de AL de espesor; esta pared virtual separa zonas donde aparentemente no se observan galaxias.

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En una fotografía, un quasar se presenta con una apariencia estelar: su imagen es similar a la de una estrella común (46). Sin embargo, analizando detalladamente varios de estos objetos se pudo comprobar que pueden distinguirse ciertas peculiaridades a su alrededor (nebulosidades o “agregados”), que los diferencian notablemente de las estrellas y que sugieren una estructura bastante más compleja.

Su descubrimiento se debió a que los quásares son intensos emisores de radio ondas. Sin embargo, luego pudo determinarse que también son fuentes de Rayos X, radiación ultravioleta, luz visible y también infrarroja; en otras palabras, la emisión de radiación de los quásares resulta intensa en todo el espectro electromagnético.

Fue en 1963 cuando M. Schmidt identificó por primera vez al quasar 3C 273 como el objeto más alejado entre todas las galaxias conocidas en ese entonces: los cálculos lo ubicaron a unos 2.000 millones de AL (47). Posteriormente, se comprobó que elcorrimiento al rojo de todos los quásares es mayor que el de las galaxias conocidas; por lo tanto, se encuentran más distantes que cualquiera de ellas. Esta evidencia confirmaría que se trata de los objetos más lejanos del universo conocido.

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Desde hace varios años los astrónomos establecieron que la enorme masa que compone una galaxia puede actuar como una gigantesca lente gravitacional, creando múltiples imágenes de un quásar u otro objeto más lejano que se encuentre exactamente alineado detrás de ella.

Este es el caso de un cierto número de quásares donde se observan dos imágenes muy cercanas que tienen exactamente el mismo corrimiento al rojo, y que por su similitud parecería que deberían

El fenómeno se explica de la siguiente manera: si dos cuerpos están exactamente alineados con el observador (digamos una galaxia y, en la misma dirección, pero más atrás, un quásar), el haz de luz que proviene del quasar y que es rozante con la galaxia se desví acercándose a la recta que une ambos cuerpos con el observador. De este modo, si se consideran los dos haces luminosos rozantes a cada lado de la galaxia tendremos dos imágenes del quásar, pero muy próximas, ya que para nosotros ambos haces de luz aparecen separados en el cielo; en ciertas condiciones se pueden ver más de dos imágenes muy cercanas.

En algunos casos se ha detectado la galaxia responsable del efecto, siempre de brillo bastante más débil que los quásares; entonces se podría estimar la distancia al quásar observando la diferencia de tiempo entre la llegada de la luz de los dos haces, ya que ambos deberían recorrer diferentes trayectorias y por lo tanto habrían tardado tiempos distintos. Conociendo la diferencia del tiempo de llegada y la velocidad de la luz, podría derivarse la distancia.

Los astrónomos dedicados a medir el corrimiento al rojo de las galaxias, hallaron que la expansión general del universo no estotalmente uniforme en todas las direcciones.

En 1987 se notó que muchos objetos (inclusive la Vía Láctea) parecen conformar una especie de corriente de galaxias hacia una región del cielo situada en dirección a la constelación del Centauro, a unos 150 millones de AL de distancia.

Las velocidades de las galaxias dentro de la corriente resultaron mayores que las predichas por la expansión del universo; las galaxias de la corriente se mueven hacia donde existiría un objeto masivo que las atraería. Si esa atracción es real, debería existir un enorme cuerpo responsable de esa atracción; esa masa desconocida fue denominada el Gran Atractor.

La atracción de esa masa es tal que puede invertir el movimiento natural de expansión del universo y obligar a todos los cuerpos con masa de esta región del espacio; por consiguiente, estaría llevando al Grupo Local a converger hacia el centro del mismo.

En el cielo del hemisferio sur, la constelación de Centauro se ve atravesada por la banda de la Vía Láctea y, por lo tanto, si existe el Gran Atractor, su estructura permanecerá oculta por las nubes de gas y polvo de nuestra galaxia.

Como las galaxias presentes (simétricamente) del otro lado del Gran Atractor, muestran una configuración de movimientos diferente a la correspondiente a la expansión del universo (también se acercan a Centauro) confirmarían la posible existencia de esa particular estructura atractiva, que tendría unos 25 AL de extensión.

Cuando los astrónomos estudian las galaxias más lejanas, de alguna manera están “viendo” cómo habría sido el universo en épocas remotas. El Gran Atractor corresponde a una distancia aproximada de unos 450 millones de AL, es decir, estamos viéndola en el presente tal como era hace 450 millones de años en el pasado.

Si se analiza también la distribución de galaxias aún más lejanas, se estaría estudiando como habría sido su distribución en épocas más remotas todavía.

Así como el estudio de los registros geológicos terrestres permite estimar como ha sido la evolución de nuestro planeta, el análisis de los datos de las galaxias ubicadas a distintas distancias provee indicios acerca de cómo han evolucionado estos objetos (y, por lo tanto, el universo) en el transcurso del tiempo.

La Radioastronomía es una de las disciplinas más recientes de la Astronomía, que utiliza el radiotelescopio como herramienta fundamental en la observación de los astros. Estos instrumentos se componen principalmente de una antena que recibe señales del espacio, las que llegan a la Tierra en forma de ondas de radio. Los astrónomos (radioastrónomos= miden la intensidad de las fuentes emisoras de esas señales estelares y no estelares) y tratan de ubicarlas en el espacio. Luego, mediante telescopios convencionales, muchas de esas fuentes han sido identificadas con objetos conocidos: planetas, estrellas, nebulosas, galaxias, el Sol, etc.

Sin embargo, otras fuentes (algunas muy intensas) no tienen ninguna identificación visual: en los sitios donde se ubica la fuente emisora de señales de radio simplemente no hay nada visible; obviamente, los astrónomos están convencidos de que en esos lugares debe existir alguna clase de astro.

Los estudios mostraron que algunas de esas fuentes son galaxias de aspecto peculiar; otras, en cambio, galaxias de apariencia normal. Estas últimas exhiben características que indican un cierto grado de actividad, ya sean en sus núcleos o en alguna otra región de sus estructuras: se los conoce como radiogalaxias.

Las radiogalaxias son galaxias ordinarias cuando se las observa con el telescopio, pero resultan grandes emisores de radio cuando se las capta mediante un radiotelescopio.

Las primeras radiogalaxias se detectaron en la década del 40, en el comienzo de la Radioastronomía; como dato importante debe recordarse que las galaxias elípticas se cuentan entre los más potentes emisores (la galaxia Centaurus A, por ejemplo).